Neztha - Set #4
Neztha - Set #4
Una noche de Tambor & Bajo
Sábado cualquiera.
El regreso a Pérez Zeledón desde San José se cancela porque a la carretera en el paso por el Cerro de la Muerte, literalmente le cayó la montaña encima. Quedamos tres “damnificados” en la sala de espera de MUSOC, y decidimos dirigirnos al apartamento de mi amigo César para que nos sirva de refugio. Estando ahí, se nos ocurre la primera buena/mala idea: un par de Six Pack’s de una bebida amarga que vitaliza cuerpo y alma. (si, cerveza; ingenuos!). A partir de ahí esta bebida nos acompañará hasta el lunes, pero eso es otra historia.
Después de debatir acerca de la poca ropa que andábamos limpia, de la carencia de cepillo de dientes y repetir calzoncillos (o calzones), recordamos que ese día se celebra en un bar céntrico de San José el cumpleaños de un amigo de un amigo, conocido como Nacho, pero mientras mezcla conocido como Gyzmo. Fiesta de “Drum & Bass” (Tambor & Bajo).
Hasta ese momento de mi vida había escuchado mucho del género, pero nunca había estado en una fiesta exclusiva. Un par de “tracks” para ambientar en el apartamento, y en cuestión de segundos estamos buscando (infructuosamente) taxi para que nos lleve a cuatro personas a una chicharronera en el centro de San José; después de media hora aparece el taxista valiente que se animó a montar en su carro avanzada la noche, a cuatro “maleantes potenciales” (de los cuales el 75% éramos hombres y de muy mal aspecto). Es una constante en San José, que en las noches los taxistas no se atrevan a prestarle el servicio a grupos de gente, ya que podría prestarse para un asalto o cosas peores; no los culpo, caras vemos-culos no sabemos. (me siento raro explicando algo que muchas veces veo como obvio a gente que lo interpretaría de otras maneras; definitivamente no somos nada!)
Después de hablar acerca de la inseguridad en San José y un par de temas sexuales (no podía faltar), se parquea el taxi frente a una soda, y me dicen: “aquí es!”. Aquí?-pregunté contrariado; no es que sea de lugares finos, pero me imaginaba más la fachada de un restaurante que el de una soda. Cerca del área que tiene más putas por metro cuadrado en San José, está la popular “Chicha”. Pasar por esa puerta fue descubrir que no importa cuan sucio o peligroso sea la ciudad capital de Costa Rica, todavía existen lugares que mantienen una esencia pura, “underground”, que no se maquillan ni en la entrada, y ofrecen un ambiente, un espacio, una burbuja entre tanta mierda en la ciudad. Sin VIP’s (existen en Costa Rica?), sin códigos de vestimenta o condiciones absurdas para entrar. Precios accesibles, y gente que estaba por y para la música; lo único raro es que nunca me olió a chicharrones, siendo chicharronera.
La música ya estaba sonando (Grant mezclaba); una cerveza y el ritmo empieza a invadir el cuerpo; segunda cerveza y un Jager, y ya me veo bailando algo que ni sabía como bailar; no sabía sobre que beat mover el cuerpo, me perdía entre mis movimientos (naturalmente torpes), y volvía a caer sobre un beat que me hacía pendular como mínimo hacia delante y atrás.
Mis otros “compas”: dos venían casi dormidos, y la otra ya se movía conmigo. Llegan de última hora otros dos “damnificados” (DJ Chepe y Joshua Stewart), y se ambientan automáticamente. Agarra Gyzmo las tornamesas, y se manda una versión propia de Mi Cacharrito sobre un pegajoso ritmo de Drum & Bass. Segundo Jager y ya esto es fiesta. Aparte de los Dj’s se empieza a unir a la noche un elemento recurrente en las fiestas de Drum n’ Bass: el MC (en español criollo “emsí”, un mae que se para a la par del DJ y empieza a improvisar cantando sobre el ritmo). Empiezan los chiles de animadores (“Dónde están las mujeres?” a 170 BPM, que si se los explico igual no lo van a entender), caen rondas de cerveza, más Jager, tracks de Jungle, y ya no somos dos bailando en la mesa, sino los 6 casi en media “pista” (dos metros cuadrados libres para que cada quien se moviera como quisiera). Esta fiesta no fue en el lugar más grande, más fino o más cómodo, pero la atmósfera dentro de este pequeño lugar, su gente sin máscaras, siendo genuinos, siendo humanos, el ritmo de la música… No había mejor lugar en la tierra para una fiesta como esta; talvez sólo la sala de mi casa, pero eso es otra historia. El ambiente dentro de este lugar era único, nada impuesto.
En medio de todo esto, empecé a pensar el porqué no podía parar de moverme. Me sentía cansado, y aún así no tenía necesidad de descansar o sentarme un rato. Ahí me di cuenta que lo que hacía no era ni siquiera bailar, era mover mi cuerpo como me diera la gana sin que a nadie le valiera un pito. Era disfrutar el ritmo, hacerlo parte de uno, ponerlo en nuestro tiempo y espacio y refugiarnos en él. Ese ritmo era expresión, un desahogo, una válvula de escape, y a la par de esto, la inyección de adrenalina más grande que me había dado en toda mi vida la música. No pude dormir en dos días (algunos le echan la culpa a otra cosa, pero no ando en chismes).
El MC, Huba (si se acuerdan de Ragga By Roots se van a acordar de quién es), con sus vocalizaciones le daba al sonido un sentido más “orgánico”; todavía somos humanos haciendo ritmo, no solo sintetizadores, software o “plug-ins” para computadoras.
Entre el ritmo del Drum & Bass aparecían elementos de Reggae, Jazz, R&B, Hip-Hop, el clásico “Ragga-Pitch”, Funk, hasta Latinos; una remezcla de “Limb by Limb” fue casi el clímax de la noche; percusiones, voces y sonidos transportadores. Las mezclas de Grant, Gyzmo, Silica y no recuerdo si hubo alguien más (mucha cerveza y Jager), hicieron una noche para recordar. Y al final no podía ni “hablás”.
En resumen, esa noche fue como para volver a enamorarse de la música, y para muchos de los que estuvimos ahí, abrir los ojos y descubrir ese mundo nuevo que hay detrás de cada esquina. Cosa que muchas veces, a la gente de mi querido Pérez Zeledón le hace falta. Esta columna iba dedicada a hablarles sobre el género de Drum & Bass, pero a veces son más importantes las experiencias que la teoría. En Wikipedia (es.wikipedia.org/Drum_and_bass) se pueden encontrar toda la historia y hablada técnica que quieran, y en YouTube (http://www.youtube.com/drum&bass) miles de ejemplos de tracks, fiestas y cómo se baila este ritmo.
El resto es hablada.
Pronto van a escuchar en PZ más del Drum & Bass, a Joshua y Chepe se les clavó muy duro la espinita con este género y sus matices, y ya andan “traveseando” y conociendo más música, y a Gyzmo le debemos un paseo a PZ. Agradecerles a todos los que fueron parte del fiestón ese fin de semana y que ayudaron a escribir esta columna; el “AfterParty” y lo del domingo lo dejamos para futuras ediciones. Solo añadir el dolor que me da que no hubiéramos ido ese domingo al famoso “Times Square” de Vargas Araya; al miércoles siguiente un incendio lo dejó en cenizas, así que nunca me pude comer mi último taco de queso con Imperial.
Saludos y recuerden que los feos somos más, y algún día dominaremos el mundo.
Nota Aclaratoria:
En la pasada columna al referirme a una situación en el Bar South Río, donde había un “des-animador” pegando gritos, me refería específicamente a unos panameños que lleva la administración(?) del bar muy seguido a hacer feo, y tiene un timbre de voz que se le mete a uno en el cerebro y no lo deja ni escucharse a si mismo. Mejor le pagan esa plata a algún talento local, hay menos quejas y mejor calidad.
Natalio Villanueva Vargas
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