Pensamiento en Blanco # 12.1
No sean tan lava-huevos!!!
No se asuste mi estimado lector. Vivimos rodeados de lava-huevos.
Bueno, pero sigamos con las mamadas … digo lavadas.
Empecemos por describir a un lava huevos y su entorno, para luego adentrarnos en su vida cotidiana.
Un lava huevos, es simple y llanamente la persona que no puede lograr cosas por méritos propios, sino gracias a las ideas, contactos y amistades de los demás. Cabe recalcar que no lo logra solo “conociendo gente”, sino que logra su posición lava huevera gracias a que celebra absolutamente TODO lo que sus conocidos hagan, aun y cuando no esté de acuerdo o no sean cosas de “su gusto”, el cual por supuesto no existe, sino que “su gusto” debería de leerse como el gusto de los demás.
Dentro de los lava huevos, se encuentran todo tipo de personajes y profesiones. Casi todos tienen puestos de asistentes o se creen dueños de sus propias empresas, las cuales no funcionarían sin la debida lavada de huevos a las amistades para robarles sus ideas.
Pero vamos a los casos de aplicación.
Desde que somos niños, empezamos a practicar nuestro servicio de “lavandería”; si nos portamos mal, no hay regalos; así que tenemos que hacernos los santos ante nuestros “tatas” para tener los “créditos” suficientes y recibir abundancia de regalos materialistas en el cumpleaños y navidad. Además de esas lavadas a los jefes de familia, hay que seguir lavando con nuestros amiguitos o primitos para obtener beneficios en el préstamo de juguetes, o para que nos pusieran de primeros en la fila cuando todo el barrio llegaba a jugar Atari.
Apenas superada la primera etapa de la niñez, las lavadas de huevos empiezan a hacerse más seguidas y cuantiosas: en la escuela y el colegio le aplicamos el jabón y la esponja (no quiero imaginarme cómo habría terminado esta línea si el título hubiera mantenido el verbo “mamar”), a los profesores para que no lleguemos a perder el año. Además empezamos a lavarle otras cosas a las chiquillas que nos gustan para “ligar”, a los entrenadores para jugar, a nuestros padres para salir en las noches, y a los “compas” para que sepan mantener secretos.
Cuando entramos a la vida universitaria, se repite la dosis de lavadas casi en el mismo orden, para pasar luego a lavar huevos para conseguirse un trabajo medianamente decente apenas salimos a nuestra vida profesional.
Después de lavar huevos para ganarse con el jefe la estabilidad en el “brete”, volvemos a hacerle el lavado a otra chiquilla para que se anime a casarse, se sigue el ciclo de lavado con los suegros para que lo acepten en la familia, y ya casados, se lava para obtener beneficios en la cama, no ir a misa, o curar tortas (que son las más frecuentes).
Y así seguimos lavando y lavando desde el autobús hasta el vendedor de carros, al asegurador, a los vendedores para obtener descuentos, hasta estar a las puertas de la muerte, donde nos pasamos a lavarle los huevos a algún dios o San Pedro para que nos deje entrar al cielo.
Si fuéramos una lavadora, gastaríamos una millonada por el ciclo de lavado completo.
Así que estimados amiguitos (frase Plaza Sésamo para que piensen que de verdad los estimo), ya sea que usted lave, mame, pase la brocha, lave el coco, o se aproveche de los fallos o el talento de los demás para su beneficio y “quedar bien”, no sea tan lava huevos con usted mismo, y acepte que aparte de llevar la lavada de huevos a la práctica, le gustan los beneficios que recibe de eso. Yo, lo estoy haciendo hoy.
Viajen por la sombra, y recuerden que los feos somos más, y algún día dominaremos el mundo.
Saludos.
Natalio Villanueva
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