Neztha - Columna Casual
Columna Casual
Por si no se han dado cuenta, mis columnas últimamente tienen más retrasos que quinceañera recién iniciada en la actividad sexual.A veces me esfuerzo tanto en escribir que sinceramente lo que nacen son porquerías de las buenas, así que hoy aunque tengo mucho que decir, no se como, no tengo ni idea ni certeza ni cabeza para ver la manera de que esto empiece y termine como siempre: sin moraleja.
He pasado los últimos 15 días mucho en Pérez Zeledón y creo que parte de mi bloqueo es por eso mismo. No me siento en libertad de opinar sobre algo que ya sabía y no le he visto cambio, aparte de que no tengo la libertad que me da el escribir en medio de un lugar donde con costos hay luz, y el único problema a enfrentar es que no lo caguen las lapas cuando vuelan sobre uno, o se paran a comer en el palo de mamones.
Creo que el principal problema, o la carencia principal de vivir en mi querido PZ, es que uno no conoce nada nuevo. Si llega el fin de semana, ya se sabe que hacer, con quien hacerlo, y hasta quien lo va a devolver a uno a la casa. Eso siempre y cuando no se duerma en casa ajena, que haría la salida o más amena, o mucho más problemática debido a los evidentes problemas que conllevan las salidas casuales con extraños.
Y es que esas salidas casuales, también dependiendo de los ojos con que se vean, pueden causar problemas, o ser inicios de malos matrimonios, o incluso la manera menos probable en que uno iba a pensar que se iba a ligar a algún amor a primera vista. Aclaro que no voy a hablar de mi experiencia, ya que mis tortas me las guardo así como mis aciertos, así que mis amigos van a leer acá situaciones hipotéticas basadas en sus chismes.
Empezamos con una manera de encuentros casuales que se están poniendo de moda: la cita “virtual”; y en cuanto a virtual se cuenta desde el Messenger, pasando por Facebook hasta las cosas que se encuentran en Hi5. Estos encuentros casuales para mi no son tan casuales ya que uno siempre se lleva una idea hacia lo que va. Claro, nunca faltan los astutos (as), que utilizan la herramienta de “crop” (recorte), para que sus fotos ilustren simple y sencillamente lo mejor de su naturaleza, aunque el resto del cuerpo sea completamente inimaginable. Mi segundo punto en estos encuentros, es que hay que ser demasiado idiota, ingenuo o soñador, de que se van a encontrar el amor de su vida; claro que han pasado situaciones, pero son las menos en esta época, donde simple y sencillamente, el sexo manda. ¿O todavía creen que es casualidad que precisamente ese día se fue a comprar el diario y se echaron los condones a la billetera/guantera? Por favor. Con lo que acabo de escribir arriba nadie me va a invitar a un café por medio de Messenger en años; pero yo no soy tan malo como piensan.
Vamos al segundo escenario: la mujer/hombre de la barra; estos son muy característicos ya que previo al cruce de palabras, hay un cruce de miradas de “te como”, “te mato”, “si te agarro - si me agarras”. Ilústrenlo con mordidas de labios, tomarse un trago de la bebida sin perder contacto visual (aun y cuando esto signifique un reguero de trago en sus camisas/blusas), y acomodos de pelo. Si sabemos de alguien que nos haga el “conecte”, tenemos mucho camino recorrido, pero si no es la situación, se busca desde la excusa más estúpida, hasta estorbar para que nos vean a su lado y nos pidan fuego, campo, o explícitamente una invitación de tragos amargos; aunque más amargos los del día siguiente. La salida del bar es un clásico; hay algunos que les encanta jactarse de su conquista y le dan tres vueltas al bar de la mano de su conquista despidiéndose de amigos, queridas y hasta ex parejas, para al final salir y encontrarse que su mejor opción de “comerse”, es la parte oscura de la acera. Así como hay otros, que conociendo bien cuales son las tácticas, precios de taxis, o donde esconde el “compa” las llaves del “aparta” evitan cualquier contacto con conocidos y aplican una desaparición digna de Mandrake El Mago.
Estas son poco recomendables, ya que siempre alguien ve algo; o si no el bartender nota la ausencia en la barra y deduce con astucia las andanzas de los personajes. Para no cansarlos con las mismas tonteras de siempre, termino con el clásico: las citas a ciegas, o conocidas en los ambientes de bares como “llevar peón”. Esto casi siempre sucede a la hora de salir con alguien que siempre anda acompañada de una amiga, prima o hermana, que no quiere hacer mal tercio y están dispuestas a ligarse a cualquier “cuerazo” (como dijo Pedro Capmany).
Claro que esta cualidad (la de no tener asco ni reparo), la comparte obligatoriamente el peón, ya que va “embarcado” pero dispuesto a todo con tal de no abandonar a su fiel compañero de conquistas, las cuales, siempre han sido escasas. Ahora bien, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, ocasionalmente pasa que los que van de cita a ciegas les va mejor que la cita formal, ya que la cita formal no deja de ser la misma situación insípida de comer-besar-no tocar, mientras los dos desconocidos se pueden conocer como les dé la gana, y muchas veces terminan hasta compartiendo el cepillo de dientes en camas de terceros. Pero eso es otra historia.
Y así como nacen las citas casuales, termina esta casual columna, la cual tuvo como ocho temas, casi un mes de atraso (igual que mis pagos a los bancos), y fue inspirada a base de Deep House que voy a tocar en próximas fiestas donde fijo nos alteraremos juntos los sentidos. Comercial: La Tulipana, pese a parecer presuntuoso, es lo mejor que le ha pasado a PZ en los últimos años, y era lo que hacía falta para que muchos tomen su ejemplo de calidad, calidez y música. Solo falta que la gente responda. Y lo hará.
Para finalizar, muchos se preguntarán como un hombre casado opina con tanta propiedad en esta clase de temas; hay dos respuestas: primero, llevaba muchas materias adelantadas en la “calle” antes de pasar a la vida seria, y segundo, que ahora los finales de los cuentos no son muy felices, y ya casi nada dura hasta que la muerte nos separe. Eso sí, me encantan los finales abiertos. Recuerden que los feos somos más, y algún día dominaremos el mundo.
Saludos.
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