El triunfo maquilló un partido de bostezo largo

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El triunfo maquilló un partido de bostezo largo

Fue un partido no apto para párpados débiles: aburrido como pocos, el reto consistió en mantener los ojos abiertos y no dejarse vencer por el hastío.

La Selección Nacional venció a Nigeria, 1-0, pero aburrió hasta lo indecible y exasperó de forma ingrata con un juego con la chispa de un esmeril de hule.

El gol de Diego Madrigal solo sirve para mejorar un poco el ceño fruncido y que el disgusto por el soso espectáculo no sea mayor.

La anotación también sirve para que la Sele apunte su primer triunfo en el nuevo Estadio Nacional, aunque el partido no quede registrado como clase A, dado que fue ante la Sub 23 nigeriana.

El tardío tanto le dio a la afición licencia para gritar –un gol es gol– y así trocar los silbidos de disgusto prodigados hasta ese momento.

Como espectáculo fue malo el juego; como ensayo, deja la interrogante acerca del potencial del equipo de cara a la Copa de Oro, el reto que se inicia esta semana.

El partido debió haber dado indicios de por dónde anda la procesión de la Sele..., no los hubo; en el mejor de los casos, amplió la duda.

La puesta en escena de tres novatos –José Salvatierra, Francisco Calvo y Joel Campbell– puede destacarse dentro de lo positivo del juego de la Tricolor.

De los tres, Salvatierra se vio más desenvuelto y marcó un gol –correctamente anulado por fuera de juego– en el que demostró buena técnica en el remate. Alternando posiciones con Heiner Mora, el lateral se vio bien en el puesto y fue de lo rescatable de ayer.

Por su parte, Campbell se mostró desenganchado y pesó poco, por no decir nada, en el juego; Calvo cumplió sin apuros funciones defensivas en el rato que participó.

Lentitud. Esta Costa Rica de Ricardo La Volpe no parece un equipo entrenado por El Bigotón.

El equipo tricolor demostró una lentitud exasperante que le permitió a los visitantes siempre estar bien ubicados para sofocar las intentonas ticas de asomarse a los predios nigerianos.

La lentitud llevó luego a lo previsible: las jugadas de los ticos fueron muy “cantadas”.

Antes del gol, la mejor oportunidad la tuvo Allen Guevara (24'); pero en el mano a mano con el meta Oladele Ajiboye encontró la manera de botar una bola que en otro lugar del mundo termina en la red.

El partido languideció; como escribió el escritor uruguayo Eduardo Galeano –en El futbol a sol y sombra– , solo se imploraba por “una jugadita, por el amor de Dios”.

Fue con el gol de Madrigal que esa anhelada acción apareció con el gol: un pase con tiralíneas de Junior Díaz encontró al “11” en excelente posición, este la bajó con propiedad y resolvió de manera adecuada (con un globito).

El gol maquilló un juego de bostezo largo; por lo menos, dejó la alegría de una victoria, que nunca viene nada mal.

Sin embargo, fue un triunfo de color gris plomo, que no puede dar para sacar pecho en la vecindad.
Fuente: nacion.com 

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